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agosto 11, 2022

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Amigo del argentino que falleció en el Chapare: «Vivimos un infierno»

«Un infierno fue lo que hemos vivido ahí», contó a la prensa argentina Emmanuel Suares Reynaga, amigo de Alejandro Benítez, el argentino que murió en un accidente de tránsito en el trópico cochabambino.

El argentino contó detalles de lo que pasó luego del accidente y cómo tuvieron que pagar hasta el algodón que se usó para atender a su amigo.

Además de peregrinar para que Alejandro sea auxiliado, Emmanuel contó que lo peor de todo fue que la Policía Boliviana los obligó a ser testigos de la autopsia.

“Con un serrucho le abrieron el pecho, le abrieron el cráneo, nos hicieron ver todo, las costillas que estaban quebradas, todos los moretones, todo, como si fuéramos estudiantes. Todo lo vimos. Y sin decirte que tuvimos que pagar la autopsia. Tuvimos que volver a todas las farmacias a comprar las gasas, las agujas, los hilos para que lo vuelvan a cerrar. Un infierno fue lo que hemos vivido ahí”, relató Suares.

El grupo de amigos argentinos realizaban un viaje por moto por las carreteras de Bolivia, cuando sucedió el accidente. El hecho cobró relevancia luego de que se denunció  que los médicos del trópico no quisieron atender al argentino porque no tenía dinero.

“Cuando llegamos (al hospital de Ivirgarzama), lo primero que hicieron los médicos fue darnos un listado de medicinas que teníamos que comprar para atenderlo. No entendíamos por qué nos cobraron de antemano, nuestro amigo estaba agonizando”, señaló.

El grupo salió a buscar fármacos y compró lo necesario, pero los médicos les dijeron que su amigo ya no tenía salvación.

Entonces, les indicaron que para el traslado debían pagar por la atención que se les dio y la ambulancia que llevó al herido hasta ese lugar. Les exigieron moneda boliviana y ellos no la tenían en ese momento.

El grupo de amigos intentó cambiar los billetes por moneda local.

“‘¿Vamos a dejar que mi compañero muera por mil pesos bolivianos? No se trata de un argentino, es una persona que sufre como todos nosotros’, le decía, pero decía que no podía. Ahí fue cuando le dije que le entregaba mi moto”, recordó.

“Entonces ella aflojó, llamó a la ambulancia, que habrá tardado 15 minutos en venir. Hacía como dos horas y media que teníamos a Alejandro agonizando en esa sala”, contó Suares.

“Tuve que entregar mi moto. Cuando llegó la ambulancia, Alejandro falleció de un paro respiratorio. Obviamente con mis compañeros nos abrazamos y nos fuimos en lágrimas. Era la impotencia de cómo se podía ver a nuestro amigo muriendo y nadie hacía nada”, señaló.

Sin embargo, añadió que la odisea no terminó ahí, ya que los obligaron a presenciar la autopsia.

“Es algo que jamás lo he vivido, creo que una persona común y corriente como nosotros no está acostumbrada a ver eso, y menos si es un amigo tuyo. Nos hicieron firmar para ser testigos de lo que estaban haciendo”, dijo.

(LOS TIEMPOS)